Yo Puedo

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¿Habéis visto el tráiler de la película “100 metros” de Dani Rovira? La película narra la historia de Ramón Arroyo, a quién diagnostican Esclerosis Múltiple y a quién le dicen que en un año no será capaz ni de caminar 100 metros. Tras eso, consiguió acabar un Ironman (una de las pruebas más duras que existen).

No he visto la película, no sé si seré capaz, sólo con el tráiler me pasé 20 minutos llorando a moco tendido, y no soy de lágrima fácil. Cuando se ve a Dani Rovira en un paso de cebra gritándole a su mujer “se me ha olvidado caminar”…  yo no veía a Dani Rovira, ¡veía a mi madre!

¿Cómo puede pasar eso? ¿Cómo en un instante nos podemos olvidar de caminar, de hablar, de ver? Porque en eso consiste la Esclerosis Múltiple, en una enfermedad que provoca daños en la mielina (una capa gruesa que recubre y protege las células nerviosas que se encuentran en nuestro cerebro), con lo que los daños pueden ser variados y ser progresivos o ir “por brotes” y conseguir recuperaciones. A día de hoy, no tiene cura… aunque hay tratamientos paliativos.

A mi madre se la diagnosticaron hace más de 15 años. Al principio, busqué información por todas partes, vi pronósticos terribles y me imaginé a mi madre en silla de ruedas en pocos meses. Por suerte no ha sido así, ¡perdón! por suerte no, estoy segura que el CÓMO ella ha afrontado su enfermedad ha sido determinante en la evolución de ésta. Ella dejó muy pronto de preguntarse “¿por qué he enfermado yo?” para preguntarse “¿Por qué tengo la suerte yo de estar “bien” dentro de todos los enfermos?”.

Mi madre sí fue a ver la película (sola y sin avisar) Dice que es dura, supongo que se sintió identificada en varios momentos. ¿Lo que le da más miedo? Dejar de controlar los esfínteres, así, de repente, estar en un sitio público y “hacérselo todo encima”, le da más miedo que quedarse ciega o en silla de ruedas. Curioso, ¿no?


Empecé a correr hace algo más de 3 años porque, después de mi primer embarazo, mi cuerpo dejó de ser mío, para pasar a ser de mis hijos. Correr me “devolvió” un poco mí cuerpo.

Tras mi segundo embarazo, me recuperé mucho más rápido y seguí corriendo, más rápido, más días, más distancia, más desnivel,… poco a poco un nuevo reto. Correr cambió mi vida, me demostró que soy trabajadora, esposa, madre, hija, hermana,… ¡pero que sigo siendo mujer! Y que esa parte no debe desaparecer sino que se tiene que hacer más grande, más fuerte.

Ahora corro por mí, pero también corro porque PUEDO y porque mi madre no puede (pero en su esfuerzo diario hace cosas como Pilates), por todos los que no pueden,… y, hasta diría, que por todos los que no quieren. Y seguiré corriendo mientras pueda, con nuevas metas en el horizonte y, como siempre, con mis RUNNERINGgirls devorando kilómetros a mi lado y dándome ánimos cuando me fallan las fuerzas.

La gente se pregunta, por qué corremos, no entienden que madruguemos más el fin de semana que entre semana para pegarnos 2 o 3 horas (o las que podamos) corriendo por el monte o por asfalto, para llegar a casa agotados, sudados… y ¡felices!  En mi caso, creo que con lo que he querido explicar anteriormente, tenéis la respuesta.


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