IV Mitja Marató del Prat by Mary Rey

Mi primera Media empieza con un amable recibimiento en el Complejo Deportivo Sagnier de El Prat, donde un grupo de jóvenes aguardan sonrientes para obsequiar a los corredores con un “kit de bienvenida”.

Sorprendentemente la serenidad me embarga, los nervios se han ido repartiendo a lo largo de la semana y se quedan en casa la noche anterior cuando mi peque se pone malita.

Me dispongo a salir, es uno de esos días “maravillosos de la mujer “, llevo pocas horas de sueño en el cuerpo y el pesar de que mi niña, hoy, no va a cruzar la meta conmigo. Salgo entre mi RUNNERINGgirl Anna Sánchez y mi compi de trabajo Fran, durante el primer kilómetro me distancian de ellos la velocidad y la marea de corredores. Quiero seguirles pero sé que debo frenarme, no puedo mantener ese ritmo desvirtuado por la emoción de la salida, estoy fresca, pero si no dosifico la energía no acabaré. Mi único objetivo: terminar la carrera en la mejor forma física y mental posible.

Paso junto a mi RUNNERINGgirl Mari Tobe, su marido Jordi Carrasco y sus hijos, todos animan a nuestro paso.

En los siguientes kilómetros me envuelven la solidaridad y altruismo de EGOÍSMO POSITIVO, cuánto amor desinteresado en cada voluntario al empujar la silla de las personas que, de otra manera, no hubieran podido participar. Tienen fuerzas para animarnos también a los demás y no puedo más que aplaudirles y darles las gracias por todo ello.

Pese al frío y las circunstancias mencionadas, todo acompaña; un día precioso, un sol radiante que se hace de justicia en la cuesta por el puente Nelson Mandela, una pendiente a la que días antes mi marido había hecho referencia como “dulce”. Y en el kilómetro 13, os aseguro que tiene cualquier adjetivo menos dulce, y en el 16, de vuelta por el otro lado del puente (otra cuesta), sigue sin tenerlo. Un recorrido que, en general, no se me hace pesado, no con tanta gente animando por doquier.

En 3 puntos de la carrera, para mí cruciales, hay situados “speakers” con su correspondiente música que me provocan un subidón de adrenalina incontenible, sonrío y me emociono, el grupo con tambores también juega un papel importante en este sentido, madre mía…. qué inyección de energía y felicidad mezclados con la amarga certeza de que mi pequeña familia no va a estar en la meta.

Otra atención al corredor que debo mencionar es que, hasta en el último kilómetro, había voluntarios en patines que ofrecían agua y geles…y en la meta…pulsera finisher…

Un detalle muy emotivo es que cada kilómetro estaba marcado con el nombre de una persona o agrupación, eran kilómetros con historia propia.

En el último kilómetro y medio más o menos, para mi sorpresa, me estaba esperando Jordi Carrasco, quien me acompañó durante, en mi opinión, uno de los tramos más duros y largos de toda carrera y me alentó a seguir, advirtiéndome de lo que me iba a encontrar en los siguientes metros;

Ahora giraremos…en pocos metros pasaremos una rotonda… la pista de atletismo está cerca…-

No me podía creer que estuviera a las puertas del final de ese gran reto, parecía que la meta no llegaba nunca y no dando pie con bola, en mi deseo de agradecer a Jordi su inestimable gesto, le dije con voz entrecortada: -Jordi, lo que estás haciendo no tiene mérito-, a lo que contestó: -Qué??

Jajajajajaja, ya no sabía ni lo que me decía

-Quiero decir que lo que estás haciendo tiene mucho mérito y que no tiene precio. –

Entré en la pista impaciente por ver el arco, el tartán era interminable, pero tras la curva, al verlo de frente, era como si oyera a Montse Urbea decirme: -Estira la cama, vinga, passa llarga! –

Y así lo hice…. Buf!!, emociones a flor de piel… ¡¡Gracias Montse!!.

Lo mejor estaba por llegar, algo que (sin menospreciar a nadie) ni la mejor organización del mundo podría conseguir: el abrazo reconfortante de mi otra familia; mis RUNNERINGgirls Mari Tobe, Anna Sánchez y Ximena Belén Arcos, a quien agradezco especialmente su presencia en meta ya que ese día formaba parte importante organizativa en la carrera, volcada plenamente en que todo fuera como estaba previsto lo paró todo para recibirme. Muchas gracias por ello Ximena, por tu dedicación, por tu fuerte abrazo.

Gracias en igual medida a Mari Tobe, Anna Sánchez y Jordi por estar ahí para animarme en la salida y en la llegada, por ser grandes personas.

 

Gracias a los voluntarios por ofrecernos su tiempo y ayuda, gracias a la organización que reunió a tantos de estos voluntarios, que tuvo tantos detalles con los corredores que, pese a lo que diga Alex, para mí en su conjunto, es inmejorable.

Gracias a todas las personas que pasaban por allí y se pararon a animar, a los niños que extendían sus manitas para “chocarlas” con la mía.

Gracias a todas esas personas que no creen en mí, de ahí también saco mis fuerzas.

Y superé mis expectativas; terminé esta prueba con mejores sensaciones que en cualquier carrera de 10km, y aunque mis piernas seguramente no hubieran aguantado muchos más metros, mi mente hubiera seguido unos cuantos kilómetros más.

Mary Rey

Orgullosa de formar parte de una familia de grandes personas.


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