Mi Primera Marxa del Garraf (48k) By Arsenia

Os pongo en antecedentes para que sepáis  cómo he llegado a este punto:

El pasado mes de septiembre me animé a subir a Montserrat desde Sant Climent, era algo que llevaba años pensando en hacer,  me hacía mucha ilusión, ya que mi madre era muy devota de la “Moreneta”, y siendo muy mayor también, se atrevió a hacer el trayecto andando, la fe que tenía la ayudó a llegar. Y  pensé: pues yo también quiero hacerlo.

Fue una caminata de unos 47 kilómetros, trayecto llano menos las dos últimas horas, que fueron de escalada por las montañas. En total unas 7 horas. Objetivo conseguido. Resultado: muy cansada,  sin dormir pero contenta, y sobre todo ¡muy satisfecha!

Una vez recuperada pensé: ¡¡Ojo al dato¡¡  Las matemáticas no fallan: Si he recorrido 47 km. hasta Montserrat también puedo recorrer los 48 de la Marxa del Garraf.

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El pasado año hice la de 21 kilómetros por primera vez. Me pareció muy dura pero la superé bien. ¿Por qué no ampliar el horizonte y el recorrido?

Como no había ninguna RUNNERINGgirls apuntada en esta distancia, se lo comenté a Victoria Real, ya que sabía que a ella le encanta esta cursa y me comentó: “Estupendo, si tu vienes yo voy”. En ese mismo momento ya comencé a pensar “Arsenia, la has cagado, ¿no te basta con 21 kilómetros? ¿Qué te pasa, nunca tienes suficiente?

Con todas estas incertidumbres, pero dispuesta, quedé con Victoria  la semana anterior a la Marxa, para hacer un entreno. Podemos ir hasta Sitges, tranquilamente, y luego volvemos en tren y así vamos calentando, me dijo. Más que calentarme me quemé, porque, madre mía, tras 7 horas de ruta por el Garraf y 37 kilómetros, llegábamos a la estación de Sitges y yo iba hecha una piltrafa, ¡me dolía todo!, y eso que me había comprado unos bastones de trekking  porque, según los tutoriales de YouTube, te ayudan en las subidas y en las bajadas, además de que amortiguas mejor el paso. Pues menos mal, porque no veas el dolor en brazos y hombros.

Ahí fue cuando me asusté. Estaba destrozada con los 37 kilómetros. Y la semana siguiente tendría los mismos, y 12 kilómetros más.  Automáticamente pensé: Tengo que sacar fuerzas de donde sea, si me tengo que dopar me dopo,  y encomendarme a todas las vírgenes y santos de las ermitas por las que habitualmente paso, porque sino, no lo conseguiré.

Y llegó el domingo día 5. La semana había pasado más rápido  de lo que yo quería. Evidentemente me pasé la noche en blanco, bueno el ratito que tenía para dormir, ya que a las 4:30 sonaba el despertador. No lo entiendo pero estaba bastante fresca y decidida a enfrentarme al Muro de Hielo como si fuera un caminante de la noche de Juego de Tronos.

arsenia2Recogí a Victoria y para Gavá que nos fuimos. Tuvimos suerte y aparcamos rápido y cerca. Llegamos a la salida nos encontramos con Montse, Sito y el resto de los chicos del grupo.

La verdad es que solo tuvimos tiempo de hacernos una foto y  de ver que el resto de corredores parecían todos atletas super preparados y veteranos en esta marxa cuando de pronto dieron el chupinazo de salida y allá que fuimos, corriendo en la oscuridad como si de una película de terror se tratara.

Y corre que corre, sube que te sube y baja y vuelve a subir fuimos tirando. Amaneció por el camino, de hecho se hizo de día de golpe. No pude verlo porque me pilló subiendo hacia Campgràs, en fila de a uno, lo único que veía era el culo del de delante de mí, con lo que me lo perdí.

Bajando hacia Garraf tropecé, caí de bruces al suelo clavando las rodillas y la boca. En ese momento dije “ya está, se ha acabado la marxa para mí” pero no, no, no, no he madrugado tanto para acabar tan pronto, y dolorida seguí el camino hasta Garraf. Cuando llegué ya no me dolía, estaba curada ¡Oh¡ ¡Milagro!

El resto del relato sería el de un recorrido por senderos pedregosos, resbaladizos, abruptos, con muchos arbustos que te van rozando, con subidas, y más subidas y alguna bajada, con avituallamientos generosos,  que muchos restaurantes  los querrían para sus buffets libres. Que decir de esos voluntarios, que te recibe tan  amablemente,  y  de mi querida compañera Victoria que , generosamente estuvo a mi lado animándome y reconfortándome, que  frenó su ritmo para que no me quedara atrás y que fue esperándome en todo el recorrido.

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Gracias Victoria por llevarme a la meta, no puedo decir que sana y salva porque tengo morados y magulladuras por doquier, pero si orgullosa, muy orgullosa y super contenta por el reto conseguido.

Hasta el próximo año, ¿o no? Bueno aun queda mucho.


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